
Hierro: 1,40 mg Proteínas totales: 6,00 g
Sodio: 32,00 mg Lípidos totales: 0,10 g Potasio: 515,00 mg Clúcidos totales: 26,30 g Fósforo: 134,00 mg Almidón: 0,00 g Vitamina B1: 0,20 mg Clúcidos solubles: 26,30 g Vitamina B2: 0,08 mg Energía: 124,00 Cal. Vitamina PP: 0,60 mg Fibra alimenticia: 0,90 g Vitamina A: 0,00 mcg Colesterol: 0,00 mg Vitamina C: 5,00 mg Calcio: 38,00 mg

La parte que se aprovecha es el bulbo, que tiene un tamaño intermedio entre el del ajo y el de la cebolla, y está compuesto, a su vez, por 8-12 bulbos más pequeños envueltos por hojas transformadas (denominadas túnicas), que son de consistencia similar a la del papel, de color marrón más o menos claro. Sus raíces son numerosas, pero más bien superficiales. Las hojas son alesnadas, de unos 25 cm de largo y con las nervaduras paralelas.

Se entierran los bulbos a 4-5 cm de profundidad, con la punta vuelta hacia arriba, de tal modo que el ápice se encuentre al nivel de la superficie del terreno, o incluso ligeramente más elevado en los terrenos menos esponjosos. La mejor época para la plantación es la de los meses de febrero-marzo.
El chalote se recoge con la ayuda de un horcón, que debe hendirse junto a la planta, poniendo cuidado en no dañar los bulbos. Amenudo se suele retorcer y anudar los tallos durante las últimas fases del cultivo, creyendo que así se acelera la maduración. Sin embargo, hay que evitar esta práctica, pues, por el contrario, detiene la vegetación y, en consecuencia, el desarrollo del bulbo.

Las flores son blancuzcas y aparecen, por lo general, a lo largo del segundo año de cultivo, cuando ya se ha efectuado la recogida y, más trámente, durante el verano del primer año. Trabajar con la pala, hasta la profundidad de 30-40 cm, durante el otoño precedente a la plantación, y después debe retirarse e igualarse en primavera, 2 semanas antes de iniciar el cultivo. Para la plantación deben emplearse los bulbos. Se descartan, 10 obstante, los mal formados o os demasiado pequeños; los mejores son los más duros, de unos 10 g de peso.

El chalote es una planta perenne. La parte que se aprovecha es el bulbo, que tiene un tamaño intermedio entre el del ajo y el de la cebolla, y está compuesto, a su vez, por 8 - 12 bulbos más pequeños envueltos por hojas transformadas (denominadas túnicas), que son de consistencia similar a la del papel, de color marrón más o menos claro.
Sus raíces son numerosas, pero ~nás bien superficiales. Las hojas son alesnadas, de unos 25 cm de largo y con las nerva-curas paralelas.

El chalote o aso de ascalonia pertenece a ia familia tía las liliáceas (al igual que el ajo, la cebolla y el espárrago, no se conoce su origen con exactitud, si bien se considera que deriva de una mutación de la cebolla. Las primeras noticias históricas ciertas relativas a esta hortaliza se remontan al siglo IX: las crónicas refieren que se podía encontrar en los jardines de la corte de Carlomagno.

Los embudos se colocan sobre cada recipiente.
En el primer embudo, que llamaremos A, pondremos arena.
En el segundo embudo, que llamaremos B, arcilla (va muy bien la arcilla expandida que se encuentra en las floristerías).
En el tercer embudo, que llamaremos C, pondremos el terreno que queramos valorar.
Se preparan, a continuación, en 5 botellas, 3 dosis de agua iguales cada una a la mitad de la capacidad de los recipientes de vidrio: si estos son de 1 litro, las dosis de agua deben ser de 1/2 litro.

Para el buen fin del experimento es imprescindible respetar de forma estricta estas instrucciones: El nivel de la arena, de la arcilla y del terreno colocados en los tres embudos debe ser exactamente el mismo, y es preferible que no supere la mitad de la altura de la parte larga del embudo; No debe comprimirse el material (arena, arcilla, terreno) en el momento en que se introduzca en los embudos; La cantidad de agua que se vierta en cada embudo debe ser exactamente igual.

En cada embudo se coloca, en el fondo, un tampón de algodón (resulta muy adecuado el algodón hidrófilo) embutido dentro del cuello de tal modo que actúe de tapón. Así se evita que el material introducido en los embudos atraviese el cuello pero, al mismo tiempo, al ser el algodón permeable, permite que el agua descienda.

El terreno permanece, en buena medida, pegado a la mano, sin tomar, sin embargo, la forma de la palma ni mostrar signos de ser compacto, al tiempo que una parte, pequeña pero no insignificante, de las partículas resbala y cae a tierra. En este último caso el terreno es orgánico.
Otro método, que proporciona resultados más válidos, está basado en una sencilla prueba que puede realizarse en casa. Hay que tomar, como se ilustra en la figura, tres recipientes idénticos de vidrio transparente (de al menos un litro de capacidad) y tres embudos.