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    Como se usa el abeto

    Los componentes del abeto, sobre todo en los países y zonas que lo crían, gozan aún de mucha fama entre las gentes del pueblo. PARA LA SALUD. Uso interno: Infusión, decocción, bolas, tintura.
    Uso externo: Pomada, cataplasma, pediluvios. Decocción: Bronquios (catarro, inflamación). Hervir 60-70 g de yemas en 500 g de agua. Filtrar, edulcorar con miel y tomar durante el día una tacita cada vez. Tintura.- Contra los cólicos hepáticos. Mezclar 10 partes de esencia de trementina con 15 g de éter. Echar varias gotas en un poco de agua y tomar hasta que el cólico desaparezca.
    Cataplasma: Reumatismo, ciática, lumbago. Mezclar dos partes de resina de abeto y tres partes de cera líquida caliente. El emplasto obtenido al baño María cura eficazmente las afecciones citadas. Fricciones: Dolores, reuma, gota. Friccionar la zona dolorida con esencia pura de trementina o disuelta en aceite de alcanfor. PARA LA BELLEZA Hoy son de uso común las ramas de abeto en las decoraciones navideñas. Los frutos, debidamente pintados de oro, plata o blanco, se utilizan durante las fiestas de Navidad y de fin de año, para adornar la mesa, los escaparates de las tiendas y los paquetes de regalos. Decocción: Para masajes faciales. Echar un puñado de yemas o brotes en un litro de agua. Filtrar y friccionar un buen rato.

    El abeto

    “Este licuor terebentináceo es uno de los más principales bálsamos de la cirugía para deterger, consolidar, encarnar y mundificar las heridas, para contusiones y úlceras pútridas, para resolver y fortalecer el tono nervioso y contra toda putrefacción; y en toda verdad, la cirugía en sus curaciones no puede pasarse sin el auxilio de este bálsamo…” Y dos siglos antes ya Mattioli en Italia escribía sobre ella: “Este se recoge de la corteza del abeto, tanto sobre el tronco como de sus ramas, de ciertas vejigas que, hinchándose, indican que está allí el licor, el cual se halla dentro, generado entre corteza y corteza. En los bosques de las más altas montañas del Valle de Anania lo he recogido yo mismo del árbol frecuentes veces, y también en mi casa, de las cortezas preñadas de licor que aquellos resineros me han traído para estar seguro de que no había sido adulterado con resina de alerce, de la cual tenía asimismo para contrastarlo…”
    Su madera ha sido muy estimada para la construcción por la longitud y uniformidad de sus troncos de los que se obtienen tablones de gran tamaño. También se usa en obras de carpintería fina y en la fabricación de algunos instrumentos musicales.
    Con los frutos verdes del Abeto rojo, los antiguos preparaban una agua destilada para el tocador y su madera producía la pez blanca, llamada también pez de Borgoña. Presencia. Crece en terrenos frescos y con humedad ambiental, en los que soporta bastante bien la sombra. Prefiere los climas montañosos y marítimos. Se multiplica por semilla y (variedades) injerto.
    Se iría y forma abetales en Europa central y meridional; en España, por la mayor parte del Pirineo y sierra de Guara. También se encuentra cultivado en algunas comarcas del País Vasco, Asturias, Cataluña, etc. Prefiere las altitudes comprendidas entre los 1.300 y los 2.000 metros.

    Virtudes del abeto

    Virtudes. Encierra en su corteza gran cantidad de aceites esenciales contenidos en unas celdillas o bol-sitas que tienen aproximadamente unos 3 ó 4 centímetros de diámetro. Perforando dichas celdillas fluye una clase de trementina que se conoce con el nombre de trementina de Estrasburgo, amarilla, muy transparente y de olor agradable. La trementina y las yemas y botones de abeto son muy utilizadas como remedios médicos por estar dotadas de virtudes balsámicas y diuréticas. Lo mismo puede decirse de la resina. La trementina, conocida en Cataluña como “oli d’avet” se emplea como remedio contra numerosas heridas y úlceras, entrando a formar parte de infinidad de emplastos y ungüentos, que se conocían antiguamente por el nombre general de “bálsamo natural de España”. Así la elogiaba en el siglo XVIII Quer en su “Flora Española”: “Es esta terebentina la más selecta de cuantas especies hasta ahora se han conocido, sin que se le pueda equiparar la de Chio; por cuya razón el Colegio Barcinonense la prefiere a la antedicha, pues la usa en la Theriaca Magna, a cuya imitación el Real Matritense lo practica.
    “La virtud balsámica y vulneraría de la terebentina aplicada exterior-mente es bastante celebrada. Por esto apenas hay linimento, emplastro o ungüento para el uso de las heridas y úlceras en que la terebentina no entre en cualidad de cuerpo y alma, como dice Etmúlero. La terebentina de España, del Principado de Cataluña, es preferida a todas las demás especies para el uso interior; siendo ésta más balsámica, vulneraria, diurética y laxante en un mismo tiempo que las demás especies, se da igualmente para las úlceras de los pulmones, riñones, de la vejiga y de las demás visceras. Es de mucho uso en la gonorrea y flores blancas. Sirve mucho para resolver o superar los tubérculos de las visceras. La práctica enseña que algunas veces arrastra la materia purulenta de la parte enferma dándole éxito por la orina, lo que tengo algunas veces observado. Riberio, y otros célebres autores, la encargan para preservar de los malos efectos del cálculo y arenas de los riñones; y la prefieren a los demás diuréticos, que, excitando éste las orinas, laxa al mismo tiempo el vientre, de modo que deriva por la cámara los humores crasos, lo que los demás diuréticos no hacen.

    ABETO

    ABETO
    Descripción. Este árbol de gran majestuosidad tiene su origen en el Hemisferio Norte (zonas montañosas).
    Hace más de 50 millones de años, el abeto blanco ya poblaba la tierra. Puede alcanzar 800 años de edad. Este género comprende más de 40 especies. Destaca el abeto rojo (A bies excelsa), llamado abeto alemán.
    Desde hace siglos, los médicos aconsejan a los convalecientes de enfermedades pulmonares y a los asmáticos dar paseos por los bosques de abetos cuyo intenso y fresquísimo perfume resulta una medicina natural y eficaz. Cuentan que el gran Hipócrates utilizaba la resina de abeto para curar las enfermedades pulmonares y las toses obstinadas. El abeto es un árbol de gran porte, siempre verde, cuyo tronco recto
    puede rebasar los 60 metros de al-tura; corteza relativamente lisa, grisácea, con la copa piramidal. Las ramas crecen escalonadas en planos horizontales, concentrándose en el vértice con la edad. Yemas resinosas, acículas simples, aplastadas, dispuestas en dos filas. Las flores (abril-mayo) sólo existen en las ramas superiores, dándose aquellas de los dos sexos, es decir flores macho y flores hembra. Sobre las ramas se forman unas pinas pequeñas —de unos 5 cm. de ancho— con escamas recubriendo las semillas. Estas pinas permanecen sujetas al árbol y sólo se desprenden los piñones y las escamas, dispersas por el viento.