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    Plantas de la Aromaterapia

    ¿Si hay medicamentos a base de plantas, por qué tratar con la fitoterapia?
    Muy a menudo es imposible hablar de un solo principio activo, pues la eficacia medicinal proviene de la yuxtaposición de un conjunto de sustancias.
    Cito aquí los trabajos efectuados sobre la alcachofa por el padre J.-M. Pelt y sus colegas (1).
    La alcachofa contiene numerosos ácidos orgánicos alifáticos, entre ellos los ácidos metálico, cítrico y succínico. Tomados por separado, ninguno de ellos ha mostrado nunca la menor actividad diurética o colerética. Estas actividades aparecen cuando se mezclan los tres ácidos, y son a su vez fuertemente potenciadas por la adición de un cuarto ácido: el ácido hidroximetilacrílico contenido en la hoja de la alcachofa.
    Podemos concluir de esta experiencia que las propiedades de una droga no son la suma de las propiedades de todos sus constituyentes tomados por separado.
    Otras plantas tienen propiedades medicinales reconocidas pero no se ha conseguido relacionarlas con ningún principio:
    La hoja de eucalipto tiene propiedades hipoglicemiantes muy netas, pero no se ha conseguido relacionarlas con ningún principio activo a pesar de las decenas de años de investigación efectuados por numerosas escuelas, en particular la escuela rusa.
    Lo mismo ocurre respecto a las propiedades de una gran mayoría de plantas, como el majuelo o la valeriana

    La fito-aromaterapia y la Medicina Clasica

    Más del 40 por ciento de los medicamentos que figuran en el repertorio Vidal son a base de principios vegetales o de plantas. Más de 8 000 de estos principios son mencionados en las especialidades terapéuticas, de ellos más de 500 para los antibióticos. La gran mayoría de los médicos que niegan las propiedades médicas de las plantas las utilizan sin saberlo. Los vegetales inferiores producen cientos de principios antibióticos, identificados o no. Entre los más conocidos: actinoflavina, aureomicina, candidicina, cloranfenicol, endomicina, eritromicina, flavomicina, griseína, gri-seoflavina, penicilina, estreptocina, estreptomicina.
    Los vegetales superiores producen igualmente sustancias que inhiben el crecimiento de ciertas bacterias. Se les encuentra en cerca de 800 especies.
    Numerosos principios activos han sido aislados en las plantas y son la base de la terape’utica moderna.
    Los principales (lista no limitativa) son: acetilcolina, aimalina, atropina, cafeína, codeína, conesina, digitalina, digitoxina, eme-tina, efedrina, ergotamina, eserina, heroína, morfina, uabaína, papaverina, quinina, reserpina, salicilina, esparteína, estrofantina, estricnina, teobromina, teofilina, vincamina.
    La mayoría de estos alcaloides son sintetizados actualmente. Algunos dependen sin embargo del cultivo de las plantas medicinales: digital lanosa, opio, cornezuelo de centeno, vincapervinca y otras.

    La fito-aromaterapia – ADVERTENCIA –

    Las fórmulas a base de aceites esenciales y de tinturas madre indicadas en los tratamientos no son nunca limitativas. Su composición deber ser adaptada al tropismo pref erencial de esos medicamentos, al tropismo de los gérmenes de la enfermedad, y a los signos clínicos preponderantes. Esto es del dominio exclusivo del médico. Aquí más que en otros casos, es preciso conocer la génesis de la enfermedad, el terreno del paciente y el conjunto de las propiedades de los medicamentos utilizados. Una planta no se usa exclusivamente según su modo de acción dominante en apariencia y consagrado por la costumbre.
    La salud es el bien primordial de todos. La de los niños es sagrada. No es permisible jugar a aprendices de brujos con ellos. La medicina fito-aromática padece ya bastante con todos los pseu-do-fitoterapeutas (que con la mayor frecuencia no son médicos) que la ejercen a tontas y a locas en detrimento de la salud y de la cartera del paciente.
    La fito-aromaterapia, asociada con los oligo-elementos y el cloruro de magnesio, no basta por sí misma en la gran mayoría de los casos. Estas tres formas terapéuticas se inspiran en la misma noción de terreno.
    La asociación sistemática, en una misma prescripción facultativa, de fitoterapia, de aromaterapia, de oligo-elementos, de homeopatía, de organoterapia, incluyendo a veces, añadidas en la misma sesión, la acupuntura, la auriculoterapia (¡todo ello para una misma persona!) es una prueba de irresponsabilidad médica y de desconocimiento total de cada una de estas medicinas (sin embargo no se pone en duda una cierta complementariedad).

    La fito-aromaterapia y su justificacion

    En todos los casos la fito-aromaterapia se justifica plenamente por dos razones:

    • La primera, que acabamos de apuntar y que implica la puesta en activo de una terapia sintomática de apoyo;

    • La segunda es la terapia de reequilibrio del terreno que siempre será necesario instaurar y prolongar por un periodo variable, enfundan del nivel de degradación del enfermo.
    Al tener que hacer frente con la mayor frecuencia a una situación de urgencia creada por la inquietud que provoca el estado del niño, el médico precisa instaurar una terapia eficaz que permita una desaparición tan rápida como sea posible de los síntomas presentados. Esta es la razón por la que los niños se ven abrumados por los antibióticos.

    La Aromaterapia en niños

    El niño está expuesto a numerosas afecciones benignas en su mayor parte. Los riesgos que corre no están tan relacionados con la propia enfermedad como con las complicaciones que ésta puede engendrar eventualmente, o con una terapéutica mal adaptada o demasiado agresiva, la aromaterapia.
    La patología más frecuente y la más extendida es la relacionada con las infecciones. En general, la evolución de las enfermedades infecciosas es espontáneamente resolutiva, pues corresponde al tiempo necesario a la puesta en activo de los dispositivos inmuno-lógicos de defensa en conexión con el ciclo del agente patógeno.
    La enfermedad sólo se desarrolla en un terreno frágil de forma temporal o prolongada, y las complicaciones no sobrevienen más que en terrenos debilitados o sometidos a una reinfectación masiva. La duración de esta evolución espontánea es variable según el grado de degradación del individuo.
    La actitud terapéutica, excepto en los casos rarísimos en los que el organismo es absolutamente incapaz de responder a la agresión, sea porque ya no tenga los medios, o porque ésta le desborde, deberá atender sobre todo a no obstaculizar la puesta en activo de los sistemas de defensa. Es decir que la utilización de un antibiótico cuya acción inmunosupresora es conocida sólo será excepcional. Si la abstención terapéutica se justifica a veces, no se comprende por qué, .incluso en ese caso, debería privarse a los niños de un apoyo que justifica por lo menos el bajo tono que ha permitido la eclosión de la enfermedad, pues este apoyo y este estímulo son indispensables para proteger al niño y acelerar el proceso de curación.

    Los Origenes de la Aromaterapia

    Los orígenes de la aromaterapia se remontan al antiguo Egipto, unos 5 000 años atrás. Sin embargo, la terapia a base de aceites y esencias aromáticos es un sistema medicinal relativamente nuevo. Este antiguo arte curativo prácticamente fue redescubierto en el siglo pasado por el francés Rene Maurice Gattefossé. Químico y perfumista, Gattefossé se interesó sobremanera en la aromaterapia, al observar que los aceites esenciales de ciertas plantas producían efectos benéficos en la piel.
    No contento con utilizarlas como ingredientes de sus perfumes, Gattefossé empezó a emplearlas para tratar padecimientos de la piel, y pronto descubrió su gran valor como agentes bactericidas y su potencial para combatir enfermedades infecciosas. A los trabajos de este pionero siguieron los de Godissart, Maury y Valnet, quienes fundaron la escuela francesa de aromaterapia,. cuyos logros pronto despertaron admiración y respeto.