
LA RECOGIDA
Hay que proceder a la recolección de las calabazas cuando estén completamente maduras, entre mediados de septiembre y finales de octubre. Cuando las hojas y el tallo comienzan a secarse tenemos un síntoma de la maduración de la planta. Las variedades de fruto mediano o pequeño constituyen una excepción, porque maduran de finales de julio a mediados de agosto. La calabazas se recogen cortando el pecíolo lo más cerca posible del tallo, de tal modo que quede por entero unido al fruto.
CÓMO RECONOCER LA CALIDAD
La calabazas deben tener el pecíolo intacto. La corteza no debe presentar fisuras ni la pulpa reblandecimientos, que son signos de una excesiva maduración del fruto.
LA CONSERVACIÓN
La calabazas se conservan durante un tiempo más o menos largo, en función de la variedad. En general son más susceptibles de conservación las de fruto más grande. En cualquier caso, tras la recolección conviene dejar las calabazas al sol durante 2-3 días, o bien colocarlas durante 1 semana en un ambiente seco, a una temperatura de 22-24 °C, aproximadamente. Esta operación provoca la pérdida de un poco de agua en los frutos, mejorándose así su conservación.
Después de este “secado”, pueden conservarse las calabazas durante todo el invierno en un ambiente seco y bien aireado, donde nunca descienda la temperatura por debajo de los 10 °C. A temperaturas inferiores, la pulpa puede pudrirse.

La presencia de obstáculos en el terreno hace difícil el crecimiento de las plantas. En efecto, los cantos, los guijarros y la grava obstaculizan las labores y el crecimiento de las raíces.
Por tanto, antes de iniciar el cultivo es conveniente extraer estos elementos del terreno, realizando una operación llamada despedregado.
Un buen terreno hortícola, por las razones antes citadas, tendría que estar compuesto solamente por tierra fina, es decir, arena, lodos y arcilla.

COMO INFLUYE EL TERRENO EN EL CRECIMIENTO DE LAS PLANTAS
Las características del terreno influyen notablemente en el crecimiento de las plantas. Por ejemplo, si el terreno es profundo, sobre el mismo pueden crecer árboles de alto tronco, pero si la capa de suelo es de unas pocas decenas de centímetros, encontraremos solamente plantas herbáceas o, como mucho, algún arbusto. Si el terreno es húmedo, como el que encontramos normalmente en los bosques y en el campo, las plantas crecen lozanas; por el contrario, si el suelo es seco, como el de los desiertos o el de las playas del litoral, encontraremos una reducido abanico de especies vegetales.

La propagación del caqui debe realizarse mediante un injerto de escudete (véase el capítulo Guía práctica de agricultura).
Los principales patrones del caqui son dos, y tienen las características que se enumeran a continuación.
Las formas de poda del árbol del caqui más comunes en los huertos son las siguientes: vaciado palma
Para su descripción detallada, remitimos al lector al capítulo La poda durante el crecimiento, en la sección Guía práctica de horticultura.