
La artritis puede ser también de origen infeccioso. Si en el organismo hay un foco de infección (por ejemplo una muela), ésta puede pasar al torrente sanguíneo y enclavarse en una articulación. El organismo intenta combatirla segregando calcio, con lo que la articulación se endurece y pierde movilidad, a veces con deformaciones evidentes, lo cual viene a sumarse a la inflamación debida a la infección. En un caso así hay que eliminar el foco infeccioso antes que nada.

Una dieta eminentemente vegetariana evita la formación del ácido úrico y, con su acción diurética y depurativa, limpia progresivamente el organismo del que se hubiera podido acumular. En contra de lo que mucha gente cree, la artritis, el reuma, la gota, la uremis. etc., se pueden curar por completo sin más que seguir una dicta adecuada y con la ayuda de una cuantas infusiones (ver «artritis» en el índice de dolencias).

Estas dolencias tan incómodas se deben a la acumulación de ácido úrico en el organismo, que a su vez es consecuencia de una alimentación antinatural basada en la carne y en el pescado.
Las sales de ácido úrico se acumulan en las articulaciones y en ciertas zonas musculares (como la región lumbar, dando lugar al lumbago), produciendo dolores, a veces, intensos, y a veces deformaciones o incapacitaciones funcionales.