
Más del 40 por ciento de los medicamentos que figuran en el repertorio Vidal son a base de principios vegetales o de plantas. Más de 8 000 de estos principios son mencionados en las especialidades terapéuticas, de ellos más de 500 para los antibióticos. La gran mayoría de los médicos que niegan las propiedades médicas de las plantas las utilizan sin saberlo. Los vegetales inferiores producen cientos de principios antibióticos, identificados o no. Entre los más conocidos: actinoflavina, aureomicina, candidicina, cloranfenicol, endomicina, eritromicina, flavomicina, griseína, gri-seoflavina, penicilina, estreptocina, estreptomicina.
Los vegetales superiores producen igualmente sustancias que inhiben el crecimiento de ciertas bacterias. Se les encuentra en cerca de 800 especies.
Numerosos principios activos han sido aislados en las plantas y son la base de la terape’utica moderna.
Los principales (lista no limitativa) son: acetilcolina, aimalina, atropina, cafeína, codeína, conesina, digitalina, digitoxina, eme-tina, efedrina, ergotamina, eserina, heroína, morfina, uabaína, papaverina, quinina, reserpina, salicilina, esparteína, estrofantina, estricnina, teobromina, teofilina, vincamina.
La mayoría de estos alcaloides son sintetizados actualmente. Algunos dependen sin embargo del cultivo de las plantas medicinales: digital lanosa, opio, cornezuelo de centeno, vincapervinca y otras.

Las fórmulas a base de aceites esenciales y de tinturas madre indicadas en los tratamientos no son nunca limitativas. Su composición deber ser adaptada al tropismo pref erencial de esos medicamentos, al tropismo de los gérmenes de la enfermedad, y a los signos clínicos preponderantes. Esto es del dominio exclusivo del médico. Aquí más que en otros casos, es preciso conocer la génesis de la enfermedad, el terreno del paciente y el conjunto de las propiedades de los medicamentos utilizados. Una planta no se usa exclusivamente según su modo de acción dominante en apariencia y consagrado por la costumbre.
La salud es el bien primordial de todos. La de los niños es sagrada. No es permisible jugar a aprendices de brujos con ellos. La medicina fito-aromática padece ya bastante con todos los pseu-do-fitoterapeutas (que con la mayor frecuencia no son médicos) que la ejercen a tontas y a locas en detrimento de la salud y de la cartera del paciente.
La fito-aromaterapia, asociada con los oligo-elementos y el cloruro de magnesio, no basta por sí misma en la gran mayoría de los casos. Estas tres formas terapéuticas se inspiran en la misma noción de terreno.
La asociación sistemática, en una misma prescripción facultativa, de fitoterapia, de aromaterapia, de oligo-elementos, de homeopatía, de organoterapia, incluyendo a veces, añadidas en la misma sesión, la acupuntura, la auriculoterapia (¡todo ello para una misma persona!) es una prueba de irresponsabilidad médica y de desconocimiento total de cada una de estas medicinas (sin embargo no se pone en duda una cierta complementariedad).

En todos los casos la fito-aromaterapia se justifica plenamente por dos razones:
• La primera, que acabamos de apuntar y que implica la puesta en activo de una terapia sintomática de apoyo;
• La segunda es la terapia de reequilibrio del terreno que siempre será necesario instaurar y prolongar por un periodo variable, enfundan del nivel de degradación del enfermo.
Al tener que hacer frente con la mayor frecuencia a una situación de urgencia creada por la inquietud que provoca el estado del niño, el médico precisa instaurar una terapia eficaz que permita una desaparición tan rápida como sea posible de los síntomas presentados. Esta es la razón por la que los niños se ven abrumados por los antibióticos.