
ABETO (Familia de las Coniferas)
Arbol de tronco alto, de hojas aguzadas siempre verdes. Los frutos de los abetos tienen forma de cono, de ahí la denominación de coniferas. Su nombre latino Abies significa planta muy longeva. Puede alcanzar los 60 m de altura. Los dos tipos de abetos más difundidos en Europa son el blanco y el rojo. El primero, muy abundante en las regiones montañosas de la Europa central y meridional, proporciona leña para quemar y madera para la construcción; el segundo, de naturaleza muy apreciada, forma grandes bosques, incluso más arriba de los dos mil metros. La pez se extraía de ambos tipos de abeto.
Propiedades curativas. El abeto, sumamente rico en resina, ha resultado de gran utilidad, desde la antigüedad, para el tratamiento de todas las afecciones pulmonares. En la actualidad, con las yemas se preparan infusiones muy indicadas para combatir la bronquitis, las formas agudas de la cistitis, la tos convulsiva y la fluxión de la vejiga. Es notorio que los lugares donde se cultivan las coniferas ejercen una acción benéfica sobre las enfermedades de índole pulmonar, mejorando los enfermos que pasan allí largas temporadas.
Se obtendrá una infusión eficaz de yemas de abeto usando las siguientes proporciones: 70-80 g en 500 g de agua. Se produce un jarabe que se toma a razón de 100-200 g diarios.

ABEDUL (Familia de las Betuláceas)
Es un árbol de 3 a 15 m de altura, con un tronco cubierto por una corteza blanca que se exfolia fácilmente, con hojas de un verde brillante, de forma más o menos triangular, apuntadas en el extremo y dentadas marginalmente, provistas de pedúnculo. Florece de abril a mayo. Se encuentra en las riberas y zonas húmedas de todo el Norte de España.
Propiedades curativas. Las hojas desecadas al sol y las yemas tienen virtudes diuréticas, sudoríficas y febrífugas. Se emplean en forma de infusión: de 20 a 50 g en un litro de agua. Para obtenerla, cubrir el recipiente, dejar enfriar y cuando la temperatura ha llegado a 40 aproximadamente, se añade un gramo de bicarbonato sódico. Dejar en maceración 6 ó 7 horas y colar. También el cocimiento: de 25 a 50 g en 700 g de agua o vino, reduciendo el líquido a 500 g. Se usa, con idénticos fines, en las enfermedades del corazón con edemas difusos, y asimismo en los casos de litiasis renal. Para uso externo, el cocimiento en agua es útil contra los herpes, el sudor de los pies y el artritismo. Como bebida, contra la ictericia, las arenillas de la orina, los cólicos nefríticos, se emplea la savia, que se desprende abundantemente cuando en primavera se corta una rama. Por otra parte, la madera de abedul, calcinada en recipiente cerrado, se transforma en carbón vegetal; reducida a polvo, se emplea en las dispepsias flatolentas, en el meteorismo, en las diarreas fétidas, solo o unido al bismuto, a la belladona, a la pepsina.