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    Virtudes del abeto

    Virtudes. Encierra en su corteza gran cantidad de aceites esenciales contenidos en unas celdillas o bol-sitas que tienen aproximadamente unos 3 ó 4 centímetros de diámetro. Perforando dichas celdillas fluye una clase de trementina que se conoce con el nombre de trementina de Estrasburgo, amarilla, muy transparente y de olor agradable. La trementina y las yemas y botones de abeto son muy utilizadas como remedios médicos por estar dotadas de virtudes balsámicas y diuréticas. Lo mismo puede decirse de la resina. La trementina, conocida en Cataluña como «oli d’avet» se emplea como remedio contra numerosas heridas y úlceras, entrando a formar parte de infinidad de emplastos y ungüentos, que se conocían antiguamente por el nombre general de «bálsamo natural de España». Así la elogiaba en el siglo XVIII Quer en su «Flora Española»: «Es esta terebentina la más selecta de cuantas especies hasta ahora se han conocido, sin que se le pueda equiparar la de Chio; por cuya razón el Colegio Barcinonense la prefiere a la antedicha, pues la usa en la Theriaca Magna, a cuya imitación el Real Matritense lo practica.
    «La virtud balsámica y vulneraría de la terebentina aplicada exterior-mente es bastante celebrada. Por esto apenas hay linimento, emplastro o ungüento para el uso de las heridas y úlceras en que la terebentina no entre en cualidad de cuerpo y alma, como dice Etmúlero. La terebentina de España, del Principado de Cataluña, es preferida a todas las demás especies para el uso interior; siendo ésta más balsámica, vulneraria, diurética y laxante en un mismo tiempo que las demás especies, se da igualmente para las úlceras de los pulmones, riñones, de la vejiga y de las demás visceras. Es de mucho uso en la gonorrea y flores blancas. Sirve mucho para resolver o superar los tubérculos de las visceras. La práctica enseña que algunas veces arrastra la materia purulenta de la parte enferma dándole éxito por la orina, lo que tengo algunas veces observado. Riberio, y otros célebres autores, la encargan para preservar de los malos efectos del cálculo y arenas de los riñones; y la prefieren a los demás diuréticos, que, excitando éste las orinas, laxa al mismo tiempo el vientre, de modo que deriva por la cámara los humores crasos, lo que los demás diuréticos no hacen.