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    El abeto

    «Este licuor terebentináceo es uno de los más principales bálsamos de la cirugía para deterger, consolidar, encarnar y mundificar las heridas, para contusiones y úlceras pútridas, para resolver y fortalecer el tono nervioso y contra toda putrefacción; y en toda verdad, la cirugía en sus curaciones no puede pasarse sin el auxilio de este bálsamo…» Y dos siglos antes ya Mattioli en Italia escribía sobre ella: «Este se recoge de la corteza del abeto, tanto sobre el tronco como de sus ramas, de ciertas vejigas que, hinchándose, indican que está allí el licor, el cual se halla dentro, generado entre corteza y corteza. En los bosques de las más altas montañas del Valle de Anania lo he recogido yo mismo del árbol frecuentes veces, y también en mi casa, de las cortezas preñadas de licor que aquellos resineros me han traído para estar seguro de que no había sido adulterado con resina de alerce, de la cual tenía asimismo para contrastarlo…»
    Su madera ha sido muy estimada para la construcción por la longitud y uniformidad de sus troncos de los que se obtienen tablones de gran tamaño. También se usa en obras de carpintería fina y en la fabricación de algunos instrumentos musicales.
    Con los frutos verdes del Abeto rojo, los antiguos preparaban una agua destilada para el tocador y su madera producía la pez blanca, llamada también pez de Borgoña. Presencia. Crece en terrenos frescos y con humedad ambiental, en los que soporta bastante bien la sombra. Prefiere los climas montañosos y marítimos. Se multiplica por semilla y (variedades) injerto.
    Se iría y forma abetales en Europa central y meridional; en España, por la mayor parte del Pirineo y sierra de Guara. También se encuentra cultivado en algunas comarcas del País Vasco, Asturias, Cataluña, etc. Prefiere las altitudes comprendidas entre los 1.300 y los 2.000 metros.

    ABETO

    ABETO
    Descripción. Este árbol de gran majestuosidad tiene su origen en el Hemisferio Norte (zonas montañosas).
    Hace más de 50 millones de años, el abeto blanco ya poblaba la tierra. Puede alcanzar 800 años de edad. Este género comprende más de 40 especies. Destaca el abeto rojo (A bies excelsa), llamado abeto alemán.
    Desde hace siglos, los médicos aconsejan a los convalecientes de enfermedades pulmonares y a los asmáticos dar paseos por los bosques de abetos cuyo intenso y fresquísimo perfume resulta una medicina natural y eficaz. Cuentan que el gran Hipócrates utilizaba la resina de abeto para curar las enfermedades pulmonares y las toses obstinadas. El abeto es un árbol de gran porte, siempre verde, cuyo tronco recto
    puede rebasar los 60 metros de al-tura; corteza relativamente lisa, grisácea, con la copa piramidal. Las ramas crecen escalonadas en planos horizontales, concentrándose en el vértice con la edad. Yemas resinosas, acículas simples, aplastadas, dispuestas en dos filas. Las flores (abril-mayo) sólo existen en las ramas superiores, dándose aquellas de los dos sexos, es decir flores macho y flores hembra. Sobre las ramas se forman unas pinas pequeñas —de unos 5 cm. de ancho— con escamas recubriendo las semillas. Estas pinas permanecen sujetas al árbol y sólo se desprenden los piñones y las escamas, dispersas por el viento.